Crónica de un fracaso anunciado.
- Sin Filtro.

- 1 jul 2021
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Corría el año de 2018 y hasta entonces, sembraba en gran parte de la población, esperanza y anhelo; que a su vez, se contraponía a una crítica constante de parte de aquel sector que luego de 2 intentos fallidos, López, no había logrado convencer.
Sentó sus bases apelando a la historia del país, en tiempos de Cárdenas, Juárez, Hidalgo, Morelos y Villa, pero hasta ese momento no eran más que solo eso, discurso e historia.
3 años han transcurrido de aquel impensable triunfo y por desgracia, aquello que parecía ser un gobierno alentador ha quedado más cerca de la demagogia, que de la realidad. Napoleón decía que aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla y aquí parece que pese a conocerla están dispuestos a ignorarla, pues esta mañana en las instalaciones de Palacio Nacional, el presidente rindió un informe de actividades en torno al trabajo realizado y, ante la expectativa, fue mucho más la sorpresa al notar que el discurso sigue siendo su escudo más grande, al menos en su imaginación.
Comenzó diciendo que ha generado una recuperación alentadora ante las crisis que vive el país, pero olvidaron decirle que la reactivación económica en gran parte del país, aún no se da del todo, y que los contagios por COVID continúan, al grado tal, de regresar de verde a amarillo, el semáforo epidemiológico de algunos estados y mantenerlo en este último, para otros tantos.
Luego dijo que se levantó el carente sistema de salud que tenía el país, contratando y capacitando a nuevos trabajadores, pero siguen existiendo en ese gremio, médicos y enfermas que aún no reciben la vacuna; sin importar su intervención en la primera línea, mientras que otros de ese mismo sector, se arriesgaron ante la necesidad, a librar esa batalla que lamentablemente perdieron, por falta de insumos.
Prometió que en los próximos meses la economía nacional crecerá en un 6%, sin recordar que ese crecimiento lo prometió al inicio de su gestión y al día, los números se mantienen a la baja.
Obrador afirmo que disminuyó la incidencia delictiva y confía en que la “violencia se debe combatir con métodos más humanos y más eficientes” aunque su sexenio este cerca de pasar a la historia como el más violento en la historia reciente, apenas estando a la mitad. Por si no bastaba, dijo con mucha franqueza que vivimos una elección sin mayores problemas; tal vez nadie le contó que hubo cerca de 100 candidatos muertos durante el proceso electoral o tal vez decidió omitirlo para concentrase en hablar del “bloque conservador” que se integró como resultado de la elección, ante la “transformación” que su proyecto encabeza.
¿No será más bien que dichos resultados son la consecuencia de muy malos gobiernos, peores decisiones y un fenómeno social de hartazgo que se generó como arrastre de las acciones del presidente, tal como pasó en aquella elección que lo llevó a la victoria? Me lo pregunto...
Por último y fiel a su costumbre, terminó señalando que la oposición aborrece a los pobres; si, de propia boca de quien llamo aspiracionistas a la clase media y el que no cree haberle fallado a quienes confiaron en el aunque hoy “tengamos otros datos”, sostuvo que ha desgarrado la corrupción bajo los principios de mentir, no robar y no traicionar al pueblo, mientras unos nos seguimos preguntando donde están Lozoya, Cienfuegos y Ovidio Guzmán; otros continúan esperando respuestas de aquella tragedia en el metro y muchos más, marchan y protestan en favor de cientos de niños con cáncer que necesitan más que palabras.
Tristemente esta es la realidad de un país y un hombre, que lo único que necesita transformar es la palabrería por acción, pues su campaña hace mucho quedo atrás y la historia más que recocerlo hoy lo está juzgando y con su vara más alta.
Gustavo Nava Martínez.



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