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En el México de los BALAZOS, no funcionan los ABRAZOS.

Actualizado: 12 sept 2022



Una vez más, las fallidas estrategias de seguridad en nuestro país se han adueñado de las portadas de los principales diarios nacionales e internacionales. Hablando desde la franqueza y pese a lo lamentable que es, no tenemos más opción que aceptar que ya no es novedad, pues hace mucho tiempo que la inseguridad en manos del crimen organizado, el narcotráfico y la delincuencia, son los responsables de los crecientes números rojos en México.


La lógica nos diría que la única solución es hacerle frente con todo el peso de las fuerzas armadas, sin embargo, la realidad es muy diferente y él panorama es poco alentador pues un enfrentamiento sin estrategia difícilmente tendrá éxito y contrario a su objetivo las afectaciones que un fracaso de esa dimensión representarían, serian lamentables. Que la historia nos diga si no.


Muchos han sido los intentos por revertir la situación, creación de agencias especializadas, implementación de operativos en zonas estratégicas, despliegue de fuerzas armadas a zonas de alta criminalidad y recientemente, la que durante su creación se denominó como una fuerza de seguridad civil, la Guardia Nacional; no obstante, el resultado no ha sido diferente y la problemática no ha parado de incrementar, al grado tal, que hoy son más los nombres conocidos de carteles y cedulas delictivas, que los de las agencias de seguridad.


La nueva estrategia: Mantener al ejército en las calles y dejar en sus manos la seguridad de todo el territorio nacional.


Las opiniones: Muchas y muy diferentes; algunas en favor, algunas en contra, otras muy controvertidas.


La realidad: Una, muy realista, pero, sobre todo, preocupante.


Muchos de los argumentos se centran en que esta situación radica en una promesa incumplida y otros más que todo es parte de un fenómeno denominado “militarización”, pero, ¿Cuál es la realidad?


Los miembros del ejército salieron de sus cuarteles hace mas de 10 años y el objetivo de esa encomienda era que se encargaran del resguardo y seguridad de la ciudadanía, pero los resultados no fueron los esperados, pues ante ese despliegue las cifras de los índices delictivos se vieron radicalmente incrementadas y actualmente a pesar de los años transcurridos la situación no se ha visto mejorada y por el contrario, esas cifras van en constante incremento; es ahí donde radica la que hoy se ha convertido, en la principal de las críticas a la reforma propuesta por el presidente de la república.


¿Dónde estaría el sentido de pensar que elementos de las máximas corporaciones policíacas y de las fuerzas armadas del país estén perdiendo la batalla contra los integrantes de los grupos criminales?

La respuesta no esta tan compleja, pues como lo dije en las líneas anteriores, un accionar sin estrategia es un accionar encaminado al fracaso y eso es justo el reflejo de lo que estamos viviendo, pues en la contundente formación castrense de dichos elementos militares, es donde radica gran parte del problema.


No es que no sean capaces de asumir tareas de seguridad pública, sino que no están preparados para ello, porque ante los ataques ellos responden con ataques y no es una deficiencia, sino una característica propia de su adiestramiento, los elementos de la SEDENA, la Guardia Nacional y los de cualquier batallón del ejército mexicano, son elementos que tienen como característica principal el uso de la fuerza letal en situaciones de peligro o alta tensión, es así, no hay puntos medios, por eso también, las crecientes criticas en cuanto a la desproporcionada violación a derechos humanos que estaríamos por presenciar si es que este despliegue militar se concreta.


Aún por encima de sí están o no capacitados para realizar este tipo de tareas se encuentra otro de los elementos que demuestran que dar este paso, traería muchas mas consecuencias negativas que las positivas que se le puedan atribuir, la ineficiencia de esta estrategia.


Y esto no es de opiniones, sino de datos, pues las cifras no mienten y sin importar si esta era una instrucción mandatada por ley o un capricho de los altos mandos, la realidad es que desde el día uno que estos elementos abandonaron su reclutamiento hasta el día de hoy, las graficas relativas a homicidios y otras conductas delictivas han triplicado, en algunos casos, sus cifras en relación con las arrojadas antes de la toma de esta decisión.


No es una coincidencia, sino una consecuencia del mal manejo que ha tenido esta estrategia.


Los argumentos en favor de la misma versan sobre la imperiosa necesidad de formalizar los trabajos realizados por los elementos de la Guardia y la consolidación de la disciplina y profesionalismo hacia los mas de 100 mil efectivos que la integran en manos de los mandos de la SEDENA, pero, ¿Dónde está entonces el sentido del actuar?, ¿Por qué consolidar corporaciones al amparo del carácter civil si desde su creación se vieron supeditadas a un mando militar?


Es una propuesta criticable a todas luces y el sentido del desacuerdo no radica en comulgar con un color o una persona, sino en hacer evidente uno mas de una serie de errores que se han venido cometiendo y que de a poco están causando que los impactos negativos se vean materializados en el día a día de toda una nación.


Por eso es que aunque suene pesimista, los comentarios deben ser todos realistas y pensando en que las decisiones de unos cuantos siempre repercutirán en el grueso de la población, sea para bien o para mal, y en ese sentido, la mayor de las realidades es que sin importar si el estimado de su permanencia es hasta 2024 o hasta 2028, los resultados no serán diferentes a los actuales, pues la problemática no radica en la temporalidad, sino en la estrategia que ahora mismo, es fallida.


Los problemas de seguridad no van a resolverse dejándose en manos de unos cuantos, está probado. Inutilizar al resto de los elementos que conforman las corporaciones de seguridad en este país, tampoco es opción. Y seguir creando y subordinando agencias al mando de unas y otras, desafortunadamente, tampoco lo será.


A grandes problemáticas grandes alternativas y las nuestras se resumen a formar y capacitar a nuestros elementos, a la planeación estratégica y correcta implementación de acciones de inteligencia, a la delegación de funciones y al irrestricto respeto que debemos darle a nuestras leyes y a nuestros derechos fundamentales. Enfrentar las problemáticas de raíz, si es necesario, pero seguir haciéndolo sin considerar estos elementos, no va a darnos resultados distintos.


La realidad nos lo esta demostrando, en la búsqueda de soluciones con estrategias fallidas, nos estamos equivocando y en un país donde la delincuencia hace mucho tiempo supero a la seguridad, los discursos están de sobra y las acciones, tendrían que ser mas que las detonaciones.


Gustavo Nava Martínez.




 
 
 

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