EL LUJO DEL CUBREBOCAS.
- Sin Filtro.

- 11 jul 2020
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¡Sí, así como lo lees! Puede que te parezca absurdo hablar del cubrebocas como un lujo (posiblemente reniegues de este título detrás del dispositivo inteligente por el cual estés leyendo esto), de igual forma, si aún te parece ilógico, debiste ser de los muchos que celebraron lo expuesto por el cabildo de Toluca al hacer obligatorio el uso de estas mascarillas, haciendo público que quien no cumpla con estas medidas será acreedor a una sanción, curioso ¿no?
A la primera una amonestación, a la segunda una sanción económica y a la tercera arresto inconmutable. (Claro, porque si no tengo para pagar un cubrebocas, tengo para una sanción económica, excelente lógica).
¡Bravo! Dijeron algunos, a otros les dio igual y a otros más simplemente ni se enteraron, a algunos porque no les importa, a otros más (más de los que piensas) porque no tuvieron acceso a esa información, parece impensable ¿no?
¡Pero claro! Que podemos pensar de una sociedad que cada día proyecta un mayor número de violencias y exclusiones hacia sus miembros, donde muchas veces se deja morir de hambre y otras crueles miserias a más de tres cuartos de la humanidad.
La pandemia de covid-19 fue el escenario ideal para sacar a flote todos los beneficios que la globalización nos ha brindado a lo largo de los años, desde la interconexión con las herramientas de comunicación, el acceso a internet, el enviar el trabajo a la casa y otras grandes maravillas, que dejan de serlo cuando entendemos que no todos tenemos acceso a ellas; el problema, es que no todos lo entienden.
La globalización ha puesto en marcha este proceso de interconexión a nivel mundial, conectando a todo lo que instrumentalmente “vale” y desconectando a todo lo que no es “útil”.
Esta gran obra del capitalismo también nos ha brindado los claros ejemplos de la industria cultural y el consumismo en su máxima expresión. Pasamos de temerle a la covid a protegernos con “estilo”, dejaron de lado a funcionalidad de las mascarillas para priorizar la estética de estas.
Porque claro, te sancionan por no portar el cubrebocas, sin importar la efectividad de este, puedes estar en las calles exponiéndote a ti y a otros, pero si traes en la mitad del rostro el escudo de tu equipo favorito, estás a salvo.
¿Cómo pensar en el cubrebocas como un lujo? En primer lugar, no olvidemos que al inicio de la cuarentena encontrar productos de higiene y protección era casi imposible, aquellas personas con poderes adquisitivos mayores acapararon las compras y dejaron a otros sin la posibilidad de protegerse, la escasez de los productos hizo que los precios se elevaran a niveles extremos.
Lo cual me permite remontarme a la situación del uso de la fuerza de cientos de policías que impedían el comercio informal al inicio de la cuarentena. (Obvio, porque esas personas querían enfermarse y por eso salían a la calle, no tenía nada que ver que fuera su única fuente de ingresos y tuvieran familias que mantener para vivir. ¡Sarcasmo!)
¡Claro! ¿Cuántos no se alegraron? ¡Gente inconsciente! Porque sí, es muy fácil cuando tienes un hogar propio, ingresos fijos y puedes darte el lujo de permanecer a en tu casa sin morir de hambre.
Y tal vez estés pensando, ¡qué es $1.5! si nos vamos a los más baratos. Para ti, tal vez nada. Para las MILLONES de personas en condiciones de pobreza extrema y marginalidad, puede ser todo. Pero, otra vez, mirando desde el privilegio.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó un estudio en donde se evalúa el uso de mascarillas de tela, comprobando que quienes usan mascarillas de tela de algodón corrían más riesgo de infectarse que los que usaron mascarillas médicas. Porque ojo, portar una mascarilla no te hace invencible, la utilización de estas no basta para proporcionar un nivel suficiente de protección, por lo que deben optarse otras medidas. A esto agrégale el uso incorrecto de las mismas, la falta de higiene personal, el nulo lavado de manos y la exposición innecesaria al exterior. Deprimente.
Como bien decía García Canclini, es curioso que esta disputa de todos contra todos, en la que van quebrando fábricas, se destrozan empleos y aumentan las migraciones masivas sea llamada globalización. Pero claro, los pobres o marginados no pueden prescindir de lo global.
Indudablemente, podemos hablar de una nueva normalidad en donde tenemos que adaptarnos a las necesidades de una sociedad que tiene que aprender a vivir con una crisis sanitaria de por medio, sin embargo, no puede existir un Estado que pretenda castigar y reprimir a aquellos que no pueden cumplir con ella, si este mismo no genera la capacidad de general una vida digna, justa y equitativa para todos sus integrantes.
De forma triste y poco empática, son más las personas que se alegran de la implementación de castigos que promueven la desigualdad que aquellas que se preocupan por brindar seguridad a aquellas personas que no pueden prescindir del exterior.
En fin, esto es México.
Ysabela García.



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