Entre potencias y sabios.
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- 21 jul 2020
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En el marco de la entrada en vigor del nuevo tratado de libre entre México, Canadá y Estados Unidos, T-MEC, Donald Trump, realizó una invitación para un encuentro en los EE. UU. entre los tres Titulares del Ejecutivo de los países que integran el tratado; Trudeau, Primer Ministro de Canadá, se reserva la visita y agradece la invitación. López Obrador. Presidente de México, en medio de críticas, disgustos y también felicitaciones acepta la invitación, será la primera visita oficial que realizará al extranjero desde su nombramiento como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
La visita se realiza en un momento de tensiones en ambos países. Por un lado, Trump, un presidente que no ha parado de denigrar a los latinos y en particular a los mexicanos, amenazando con la construcción de un muro divisor entre las dos naciones, pero muy hábil e inteligente en realizar una invitación para demostrar que sus relaciones exteriores van por buen camino, situación completamente debatible toda vez que, al igual que AMLO, confía ciegamente en que la mejor política exterior es la interior. Asimismo, es la oportunidad perfecta de López Obrador para brindar una respuesta enérgica y categórica que defienda la postura y la personalidad de los mexicanos tal y como lo hizo en campaña mencionando que “pondría en su lugar a Trump”, sin embargo, acepta y reconsidera que, al ser el vecino próximo del norte, socio comercial y demás, por ningún motivo conviene a ninguna de las dos naciones mantener relaciones tensas.
Por otro lado, ese mismo Trump hostil y férreo al defender la postura nacional de los estadounidenses, será recordado por el reconocimiento realizado durante la visita al mencionar que los mexicanos, así como nuestra fuerza trabajadora es de suma importancia en dicho país.
Me froto las manos al imaginar tan acalorado encuentro, aclaro: NO DESEO QUE LE VAYA MAL A AMLO, ESTAMOS EN EL ENTENDIDO QUE SI LE VA MAL A AMLO LE VA MAL A MÉXICO. Realizo apuestas con mis amigos interesados en la política para ver quien doblaría las manos primero. Sin embargo, ambos mandatarios fueron tibios y mesurados, por supuesto que debían serlo. Ambos gobiernos necesitan respirar cada uno. Aunque contextos distintos, se encuentran en situaciones tensas internamente. Estados Unidos en año electoral y México a causa del Covid-19, la economía, la inseguridad, entre otras.Los pronósticos de la visita de López a la Casa Blanca fallaron y me toca pagar una comida para mis amigos.
Donald Trump, como gran y reconocido empresario de la industria hotelera y de turismo, supo perfectamente cómo ser anfitrión y hacer sentirse cómodos a la delegación de su país vecino del sur, se comportó cálido y respetuoso, sin duda una situación histórica. La visita se llevó a cabo bajo una cuidadosa planeación y protocolos que se siguieron al pie de la letra.
Durante su visita, AMLO participó en dos ceremonias solemnes, para el ícono de la historia estadounidense: Lincoln, y otra para el Benemérito de las Américas: Juárez. En estas, durante unos minutos muy breves, por cierto, admiró cada escultura y dejó una ofrenda floral respectivamente.
Los temas principales para dialogar durante la visita, entre otros, fueron: por supuesto el T-MEC y las implicaciones tales como inversiones que traerá consigo; coordinación binacional para controlar y combatir el Covid-19; recuperación económica tras pandemia; etcétera. Todos en un ambiente de cordialidad y respeto.
Me he encontrado con diversas opiniones, la mayoría solo menciona si fue buena o no, la visita a Washington era obligada para ambos países, debían demostrar ante sus gobernados su disposición y punto. Sin embargo, hay quienes la han comparado con aquella vez que la delegación mexicana visitó esta misma nación bajo el gobierno de Enrique Peña Nieto diciendo que en esa ocasión solo fueron a quitarle las pelusas al traje de Trump. La respuesta no puede ser tan banal como un “si, fue buena” o “no, no debió hacerlo”, es una situación compleja, tendríamos que realizar un profundo análisis con pormenores de cada materia tratada en la visita.
Para Trump fue una espada, de esas que tienen doble filo en sus hojas, pues en él recorre una idea muy firme en su cabeza: las elecciones de noviembre y cómo ganarlas. AMLO no es muy diferente, sabe que en 2021 habrá elecciones locales y el partido del cual proviene, lentamente, se acerca a un acantilado. Trudeau, a sabiendas de esto, evitó meterse en “camisa de once varas” y agradeció la invitación, solo eso.
Sin duda, a pocos días de haber concluido dicho encuentro lo más interesante y digno de analizar es la forma en que se maneja en cada lado del Rio Bravo; al norte se presume que el encuentro será referido y utilizado para fortalecer la campaña electoral para la reelección de Donald Trump; al sur, el poco mencionado pero gran orquestador del encuentro, Marcelo Ebrard, Secretario De Relaciones Exteriores, celebra en su cuenta de Twitter la estrecha relación entre estos países miembros. Lo curioso recae entre el año 2016 cuando Ebrard mencionó que “Trump es el peor enemigo que México haya enfrentado en muchos años…” (sic) y en el presente 2020 cuando hace unos días mencionó (también en su cuenta de Twitter) que “…el presidente Trump cálido y respetuoso con México. Día único en la relación bilateral.” (sic).
Roberto Enrique Arellano.



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