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Guerra de titanes: La institucionalidad de los demócratas vs. El socialismo de los republicanos.


Tal como la fascinante mitología griega muestra a Hesíodo escribiendo la Teogonía hace siglos sobre los apasionantes enfrentamientos entre titanes, estos parecen no haber quedado atrás llegando así a nuestros tiempos una nueva y mítica batalla: La presidencia de los Estados Unidos de América está en juego, y en esta ocasión la contienda se encuentra entre Donald John Trump encabezando al Partido Republicano y Joseph Robinette Biden Jr. al Partido Demócrata.

El 3 de noviembre del presente año, se gana o se pierde la Casa Blanca, no hay más, no hay lugar para titubear ni para cometer errores. Seguramente para las nuevas generaciones, las elecciones presidenciales de uno de los países más poderosos, no es algo con lo que se encuentren muy familiarizados. Sin embargo, considero que vale la pena echar un vistazo dadas las circunstancias actuales, tomando en cuenta que las decisiones de la persona que quede al frente, influirán sin duda, alrededor del mundo.

Para entender el contexto político de este país, principalmente se encuentra conformado por dos partidos: el Demócrata y Republicano, si bien existen algunos otros, no poseen un importante nivel de representatividad e influencia, por lo que su sistema se considera bipartidista. Para fines prácticos la ideología del Partido Demócrata se define como de centro y centro-izquierda y el Partido Republicano de derecha.

Por otro lado, en el caso de los candidatos, comencemos por Donald Trump, quien en 2017 asumió la presidencia de EUA. Magnate multimillonario y hombre de negocios, que nunca había figurado en el ámbito político; y en el momento que se lanzó a competir por este cargo generó gran controversia con declaraciones que llevaban tintes racistas y xenófobos, especialmente en cuestiones migratorias, una de las más destacadas fue la famosa “construcción del muro” en la frontera con México. Dicho personaje, no se caracterizó precisamente por ser el “mejor amigo” de las comunidades latinas ya que en reiteradas ocasiones los señalaba de violadores, criminales y muchos otros calificativos despectivos.

El caso de Joe Biden, es distinto. Colocándose en la contienda como un veterano con 47 años de trayectoria en la política estadounidense, en especial en el partido demócrata; entre sus méritos destacan el papel como senador por el estado de Delawere, las reiteradas ocasiones en las que mostró interés por perseguir la presidencia en 1988, 2008 y 2016 así como por último el cargo de vicepresidente en 2008 y 2012, mano a mano con Barack Obama a la cabeza.

Así bien, Trump con 74 años de edad y Biden con 77, buscan salir victoriosos. Con esta guerra de titanes, han comenzado con sus campañas y cada uno ha tomado la decisión de escoger de compañero de fórmula para la vicepresidencia a Kamala Devi Harris de parte del partido demócrata y Michael Richard Pence en representación del partido republicano, aunque cabe mencionar que de este último sería la reelección ya que ahora se encuentra en el cargo. Pence y Harris cuentan con una trayectoria importante a lo que se refiere a temas políticos, sin embargo, el caso de esta última es muy particular, ya que destaca por su descendencia, india tamil por parte de su madre y jamaiquina por su padre, siendo la primera mujer de estos orígenes en llegar a un puesto de dicha magnitud.

En definitiva, ambos candidatos presidenciales han comenzado con sus estrategias para la búsqueda de la gloria y en relación directa con lo anterior, desde la semana pasada arrancaron las convenciones nacionales de cada partido. El mensaje oculto hasta ahora, desde mi punto de vista, fue y es de terror: estimada comunidad norteamericana, nos enfrentamos a tiempos sin precedentes en la historia de nuestra nación o caemos en la anarquía y el socialismo o perdemos nuestras instituciones y con ello la democracia de nuestro país, ¿Qué podría ser peor? ¡Vaya dilema para los votantes! Lo preocupante aquí es darnos cuenta de las profundas e históricas divisiones que se han enraizado en suelo norteamericano, y el mensaje que fundado en el miedo buscan dar a los votantes ambos partidos.

La Convención Nacional Demócrata fue la primera en dar inicio, teniendo una duración de cuatro días: del 17 de agosto al 20 de agosto. Algunos de los oradores más destacados, fueron Michelle Obama, Hillary Clinton, Barack Obama, Jill Biden, Kamala Harris y Joe Biden. La transmisión del evento fue virtual, a causa de la contingencia por Covid-19, sin embargo, eso no le restó mérito. Siendo el primer día, Michelle Obama dijo: “Donald Trump es el presidente equivocado para nuestro país”. Hillary Clinton enfatizó en la importancia de votar y lo cuidadosos que deben de ser los demócratas ante la socavación del sistema de correos de parte de los republicanos, añadiendo que no basta con ganar únicamente el voto popular. Desde Philadelphia, lugar donde tuvo redacción la constitución norteamericana Barack Obama fue duro al precisar “tenía la esperanza por el bien del país que Donald Trump mostrara algún interés en tomar el trabajo enserio (...) y encontrara alguna reverencia por la democracia que se le había encomendado, pero nunca lo hizo”. Jill Biden, se dedicó a exaltar el lado más humano del candidato, en un relato muy consternado acerca de cómo se conocieron y decidieron formar una familia, a partir de la muerte de la primera esposa de Joe Biden. Harris y Biden cerraron los dos últimos días, siendo la primera Harris, misma que enarboló la grandeza de sus orígenes, con un claro y contundente mensaje para las comunidades de inmigrantes: “no hay vacuna alguna para el racismo, tenemos que empezar la lucha por George Floyd, Briana Taylor y por las vidas de tantos otros que no se pueden nombrar”; Biden concluyó “dale a la gente luz y encontrarán el camino (…) el presidente actual ha oscurecido el país por mucho tiempo, demasiada rabia, demasiado temor y división, aquí y ahora yo les doy mi palabra si ustedes me confían la presidencia voy aprovechar lo mejor de cada uno de nosotros seré un aliado de la luz y no de la obscuridad”. Los temas tratados en la agenda demócrata oscilaron entre cuestiones dirigidas a comunidades rurales, hispanas, estadounidenses de origen asiático, mujeres, personas de color, LGBTQ, judíos, nativos, medio ambiente, pobreza y pequeñas empresas. Algunas de las temáticas más polémicas fueron el racismo, el manejo indebido del uso de armas y el desastre nacional que representa el Covid-19.

En el caso de la Convención Nacional Republicana durando de igual forma cuatro días, llevada a cabo del 24 de agosto al 27 de agosto, resultó entre intervenciones de forma presencial y virtual, tomando en reiteradas ocasiones la Casa Blanca como locación. Cabe señalar que, Trump se pronunció en el momento que Biden se encontraba dando su último discurso aceptando su candidatura a la presidencia: “En 47 años, Joe no hizo nada de lo que ahora habla. Él nunca cambiará, sólo palabras”, siendo esta cita retomada en los múltiples discursos dados por los republicanos; asimismo entre las intervenciones más destacadas se encontraron: Kimberly Guilfoyle, Nikki Haley, Donald Trump Jr., Melania Trump, Mike Pence y Donald Trump. Hasta antes del inicio de la convención republicana poco se sabía acerca del plan que iba a utilizar el partido para contratacar a los demócratas, siendo así Guilfoyle (esposa del primogénito de Trump) parte de las oradoras del primer día, destacando no precisamente por la calidad de su discurso, sino por el tono que utilizó entre gritos ensordecedores y exclamaciones: “las mismas políticas socialistas que destruyeron lugares como Cuba y Venezuela no deben echar raíces en nuestras ciudades y nuestras escuelas” evidenciando la estrategia de ataque por parte del partido al cual representa. Nikki Haley, ex embajadora ante la ONU expresó: “en el Partido Demócrata está de moda decir que los Estados Unidos es racista (…) no somos un país racista”. Donald Trump Jr., enfatizó que Joe Biden: “lleva medio siglo estando ahí (…) de vez en cuando saca la cabeza para ser candidato a la presidencia desaparece y no hace nada más”, así como resaltar en el apoyo que Biden le dará al terrorismo islámico. Quien resultó una sorpresa para muchos de los espectadores fue la actual primera dama, con un discurso sumamente mesurado y con un mensaje de unión para el pueblo norteamericano: “no quiero utilizar este tiempo tan preciado atacando a la otra parte, este tipo de retórica solo funciona para dividir al país, estoy aquí porque necesito que mi esposo sea nuestro próximo presidente y comandante en jefe cuatro años más”. En penúltimo lugar se encuentra el vicepresidente Mike Pence, un político sumamente conservador, quien fue de gran utilidad para buscar el apoyo hacia el presidente por parte de los grupos católicos; “hemos llevado la guerra en los islamistas radicales, el año pasado acabamos con Isis aplastamos el califato y acabamos con su líder (…) el general máximo de Irán ya no hará daño a ningún estadounidense (…) deben saber Joe Biden criticó a presidente Trump”. El último día de la convención, se realizó usando como escenario la Casa Blanca, y dando finalmente Trump tras su discurso de aceptación concluyó: “el 3 de noviembre nosotros haremos un sitio más seguro de los Estados Unidos, uno fuerte y más orgulloso (…) mejor que nunca antes”. A su vez, los temas que giraron en torno a los cuatro días por la agenda republicana, estuvieron sin duda el socialismo y sus peligros, cuestiones de género, religiosidad, anti-aborto, empleos (especialmente para los estadounidenses), apoyo al manejo armas y de la crisis por Covid-19 misma que el primogénito del presidente calificó de oportuna.

Como parte de esta odisea, tal cual Hesíodo narraba las batallas de Cronos, Ceo e Hiperión; hijos de Urano y Gea, vemos ahora un cara a cara de dos titánicos candidatos llevando el peso en sus hombros de los partidos políticos a los que representan, luchando y apostando irremediablemente todo. Por un lado, un conservador Partido Republicano, que no está dispuesto a dejar la Casa Blanca tan es así que decidió hacer uso de ella para fines de campaña (cosa que no se había visto antes), que aplaude ataques deliberativos a líderes de otras naciones, que se opone al aborto, que dista mucho de aceptar que el racismo sistemático es parte de la nación, que niega que sea necesaria algún tipo de reforma con respecto al manejo de las armas, que aunque se empeñe ahora en buscar la paz y por ende el voto por parte de las comunidades de inmigrantes es evidente que su administración les declaró la guerra desde el primer día, que tienen enfrente a un presidente que continúa llamando “virus chino” al Covid-19 y que decidió enarbolarse con la bandera de la “lucha contra el socialismo”; a la vez que apuesta por poner prácticamente a toda su descendencia a enaltecer sus cualidades y hablar de lo grandiosa que ha sido su administración. Del lado opuesto un liberal Partido Demócrata, más unido en comparación con la contienda del 2016 bajo un solo objetivo: buscar la presidencia; contando con el apoyo de referentes en la política estadounidense (tales como la familia Obama y Clinton) que plantan cara a Donald Trump, dejándole muy en claro que no está haciendo bien su trabajo. Prueba de lo anterior, son las continuas manifestaciones y movimientos generados a partir de la muerte de George Floyd, y los millones de empleos y vidas perdidas a causa del Covid-19, los cuales muestran claros indicadores de que las cosas no están tan bien como se empeñan en señalar los republicanos. El veterano Biden junto con Harris, inteligentemente buscan proyectarse a las minorías étnicas, tomando provecho de los orígenes de esta última y dan paso a una ideología, desde mi punto de vista más abierta al cambio y a la manera en que los tiempos lo demandan, sin embargo, la decisión no será mía, será de millones de ciudadanos que salgan a ejercer su voto, habiendo tomado una decisión: “con socialismo o sin democracia”, dicha determinación va a definir por cuatro años más el rumbo de Estados Unidos de América, la más grande potencia del mundo occidental.

Esta historia continuará…

En memoria de aquel ser amado, llamado abuelo quien me mira desde el cielo:

Álvaro Gutiérrez Lazcano.

Viridiana Bárcenas Gutiérrez.

 
 
 

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