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LA ELECCIÓN DE LA MESA DIRECTIVA DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS Y EL TRANSFUGUISMO POLÍTICO;

ENTRE LA LIBERTAD POLÍTICA Y LEALTAD PARTIDISTA




Las sesiones en la Cámara de Diputados Federal se han convertido en un constante y terrible espectáculo. La semana pasada, con la elección de la mesa directiva para el tercer y último periodo de la LIV Legislatura, los reflectores de los medios de comunicación y de las redes sociales voltearon con asombro a los hechos que ocurrían en el recinto legislativo.

La disputa entre el Revolucionario Institucional y el Partido el Trabajo por constituirse como la tercera fuerza en el Congreso y quedarse así con la presidencia de la mesa directiva, trajo como consecuencia que los diputados federales cambiaran de la noche a la mañana, de uno a otro instituto político. Así fue como diputados del PRD cambiaron al PRI y diputados de Morena se transformaron en nuevos legisladores del PT.

Finalmente con 50 diputados, el Revolucionario Institucional lograría ser el tercer partido con más integrantes y así postularía a su diputada Dulce María Sauri para encabezar los trabajos de este tercer año en la Legislatura.

Este cambio de partido político por parte de los legisladores federales para beneficiar los intereses de uno u otro instituto se denomina “Transfuguismo Político” y no es para nada un nuevo fenómeno, ni tampoco es exclusivo de ciertos cargos públicos, recordemos que con estos rompimientos han surgido nuevos partidos políticos y que ejemplos como este los hemos visto desde el ámbito local hasta el ámbito federal, por lo tanto, es necesario hacer unas cuantas reflexiones al respecto.

El transfuguismo se encuentra en el punto medio del derecho a participar en política (de votar o ser votado) y el derecho de ejercer la lealtad a un instituto político. El aumento en los casos que se presentan sobre este fenómeno propicia la desconfianza de los ciudadanos en sus representantes y en los partidos políticos, lo que ocasiona que se visualice al representante como una persona que se mueve de acuerdo con sus intereses personales y que por lo tanto, no lo representa. Además de provocar la fragmentación partidista y la corrupción en los grupos que ejercen el poder.

El reto en nuestro sistema político es saber lidiar entre las pasiones de la codicia, el oportunismo y la traición; y las virtudes cívicas de oponerse a ciertos grupos de poder para promover un cambio que signifique el redireccionamiento de las prácticas democráticas.

La respuesta no puede ser permitir o prohibir tajantemente el transfuguismo político, sino más bien es tarea de todos los partidos políticos el encontrar los lineamientos internos idóneos que fomenten la disciplina partidista que permita construir una nueva clase política leal lo suficientemente consciente para generar el equilibrio de la autonomía individual y sus intereses; lo que nos permitirá evitar la fragmentación electoral, la salida en desbandada de los militantes, así como disminuir la falta de credibilidad y confianza entre los votantes y sus representantes electos.

Diego Saavedra MartÍnez.

 
 
 

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