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México ante el mundo, pandemia y globalización.





México tiene distintos rostros, desde un país en “vías de desarrollo”; hasta una de las naciones más activas económicamente hablando y, en comparación de otras, pareciera ser hasta una potencia. Sin embargo, la realidad social que se vive en el país mexicano es distinta a como se pinta en el exterior. En México 52.4 millones de habitantes viven en situación de pobreza, cifra que equivale al 41.9% de la población y que representa una disminución apenas del 2.5% en comparación con el porcentaje registrado en 2008 cuando el porcentaje era de 44.4, según cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.

Se ha generado la ilusión de que con el paso de los años y el inserto del país al mundo neoliberal globalizado se promoverá el desarrollo económico y social del país. Sin embargo, la globalización no es un mero avatar del mundo de la economía política, sino la presencia de mutaciones en las condiciones en que el hombre habita el mundo.

En la actualidad, la pandemia de covid-19 ha modificado esas condiciones y ha adaptado a la sociedad a continuar gracias a las nuevas tecnologías, aunque lo cierto es que no todos tienen el mismo acceso.

La globalización pone en marcha un proceso de interconexión a nivel mundial, que conecta todo lo que instrumentalmente vale, al mismo tiempo que desconecta todo lo que no vale para esa razón. Las culturas tradicionales cobran hoy una vigencia estratégica en la medida que nos ayudan a enfrentar el trasplante puramente mecánico de culturas, al tiempo que, en su diversidad, ellas representan un reto fundamental a la pretendida universalidad deshistorizada de la globalización y su presión homogeneizadora.

¿Qué pasa con aquellos que no tienen la solvencia para gozar de los beneficios que selectivamente da el capitalismo? Los dispositivos históricos de exclusión social, económica y cultural engendraron procesos de dualizacion y preservan circuitos o bolsones marginales “tradicionalistas”. Es curioso que esta disputa de todos contra todos, en la que van quebrando fábricas, se destrozan empleos y aumentan las migraciones masivas y los enfrentamientos interétnicos y regionales, sea llamada globalización.

Una gran parte de la sociedad mexicana vive o trabaja en espacios públicos muy concurridos, con escaso o nulo acceso al agua corriente y saneamiento, y no tienen acceso a atención médica. Dado que dependen de sus ingresos cotidianos para sobrevivir. Se enfrentan al riesgo de caer en la pobreza extrema como resultado de las medidas de aislamiento social obligatorio impuestas por los gobiernos. Y la modernización alcanza a todos estos pueblos a través de la mercantilización de sus economías.

Permanecer en el hogar y dejar de trabajar es una medida de seguridad implementada por las autoridades sanitarias en muchos lugares. Por lo tanto, se vuelve imperiosa la necesidad de medidas de sustitución de ingresos por parte del Estado para que las personas trabajadoras en empleo informal y sus familias puedan saciar sus necesidades básicas.

La recesión económica, la caída del consumo y la apertura indiscriminada de los mercados nacionales a la competencia internacional asfixia a las empresas privadas grandes y a comerciantes pequeños y medianos, sin embargo, los grandes empresarios tienen la capacidad y solvencia económica necesaria para sobrellevar el período de crisis económica.

Lo que ha cambiado no es el tipo de actividades en las que participa la humanidad, sino su capacidad tecnológica, de utilizar como fuerza productiva, lo que distingue a nuestra especie como rareza biológica, su capacidad para procesar símbolos y la utilización de herramientas que no están al alcance de todos. El Estado ha tratado de implementar estrategias en apoyo para las empresas que ofrecen empleos a miles de trabajadores; sin embargo, estos acuerdos benefician principalmente a esas elites empresariales y reproducen la posición subordinada. Pues no existen planes que propicien el desarrollo de los trabajadores informales en México.

La gran cantidad de población mexicana se ve limitada en su incorporación a esta cultura global, una vez demostrando que el sistema neoliberal segrega a la sociedad y deposita sus beneficios únicamente en las pocas personas en las que se concentra el poder. Estas reconfiguraciones de la vida social ponen en juego tanto los movimientos del capital, como las nuevas formas de adopción de las regulaciones que buscan la defensa de los intereses colectivos y la vigilancia sobre las practicas monopolísticas.

En conclusión, el Estado mexicano tiene el deber de adoptar una estrategia múltiple que combine diversas líneas de acción en relación tanto a las repercusiones de la pandemia sobre la salud como sobre la economía, adoptar políticas que reduzcan la exposición de los trabajadores informales al virus; garanticen que las personas contagiadas tengan acceso a la atención médica; proporcionen un ingreso y una ayuda alimentaria a las personas y sus familias y prevengan los daños causados en el tejido económico de los países.

La falta de estas políticas a esta altura demuestra una ideología predominante respecto a sobrevaluar el crecimiento económico mas que la vida humana. Los grandes magnates y las sociedades privilegiadas se quejan de todos aquellos que no puedan respetar la cuarentena, pues les han sido retirados algunos de los privilegios que tanto disfrutaban gozar, sin pensar que el trabajar para vivir no es un privilegio, sino una necesidad.

Ysabela García.

 
 
 

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