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¿RENOVACIÓN O REPETICIÓN?



La semana pasada inicio formalmente el proceso de renovación de los principales cargos en MORENA, partido que llevo a la silla presidencial a su fundador Andrés Manuel López Obrador.

Más de 100 registros fueron los recibidos por el Instituto Nacional Electoral de parte de los aspirantes para ocupar la Presidencia y la Secretaria General del partido presidencial, entre las postulaciones destacaron la del ex presidente de la Cámara de Diputados Porfirio Muñoz Ledo, la anterior dirigente del partido Yeidckol Polevnsky, el actual diputado Mario Delgado, la senadora Citlalli Hernández y el actual funcionario del IMMS Antonio Attolini, nombres que de alguna u otra manera se han hecho presentes en diversos sectores y momentos en el país, durante estos dos años de gobierno.

Dicha renovación toma importancia al recordar que, quien se alce con el triunfo será el responsable de encaminar al partido a buen puerto, al menos hasta 2023 y, en consecuencia, será el responsable de asegurar o no, la permanencia del Movimiento en Palacio Nacional. Ante la inminente batalla interna que se aproxima, es imposible no traer al recuerdo lo que sucedió hace unos años con el Partido Acción Nacional cuando Anaya Cortés se encontraba al frente de las filas blanquiazules. Ricardo Anaya, llego a la presidencia del PAN con un discurso alentador de renovación, de cambio y, sobre todo, de progreso; desafortunadamente, toda esa retórica se quedó solo en palabras cuando en el 2017 renuncio a la dirigencia para postularse como candidato del partido a la Presidencia de la República, de una forma muy poco democrática. Resultado de esa decisión, se originó una ruptura interna a cargo de los grupos y personajes, que en aquel momento fueron oposición, respaldo o indiferencia para Ricardo; las formas fueron muy criticadas, pero las opiniones se cruzaron en el mismo camino, su auto designación, lo perjudico más de lo que lo ayudo y sin darse cuenta, su sueño presidencial termino por sepultar las esperanzas del regreso de la oposición panista al gobierno federal.

Traigo a colación lo sucedido en Acción Nacional porque todo parece indicar que la batalla del partido Obradorista tomará el mismo rumbo.

En esta semana muchos fueron los discursos y aseveraciones de los distintos aspirantes, en torno a la continuidad del proyecto de nación que encabeza López Obrador y el irrestricto respeto a los principios y estatutos de esta agrupación partidista; sin embargo, todos los dichos son puestos con facilidad en tela de juicio al recordar que desde la salida del actual mandatario, las cosas en su partido no han ido del todo bien, situación que parece indicar que, como se aseguraba, MORENA es Andrés Manuel y sin él, no es.

Clara muestra de lo que menciono, son los acontecimientos sucedidos en torno a este proceso, como la impugnación presentada por la contendiente Citlalli Hernández, ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación por el NO RESPETO al principio de paridad de género en la convocatoria y las distintas declaraciones y críticas en cuanto a la persona y proyectos de los postulantes al cargo. El proceso de renovación apenas comienza y solo el tiempo decidirá el rumbo del mismo, pero la línea está marcada y es clara, la obtención del poder partidista que, en un futuro de pauta a otra posible candidatura, cueste lo que cueste y dejando en el camino a quien haya que dejar.

Lo anterior, es clara muestra de un fenómeno particular y recurrente en nuestros días, pues por lamentable que parezca, el sistema de partidos políticos y en general la política actual a perdido en gran medida, la esencia con la que se originó y cada vez parece más una lucha inalcanzable de estos actores por la consecución de intereses personales, antes que los colectivos, que deberían ser los predominantes por la naturaleza del cargo a ocupar y el entorno en el que este se desarrolla.

Para nadie es un secreto que los dirigentes nacionales de los partidos políticos son, en primera instancia, el peldaño principal para competir por la titularidad del Ejecutivo Nacional, ya sea por sí o por el candidato que el presidente en turno decida. Pero dicho cargo debe de perseguirse con estrategia y, ante todo, con mucha cautela, especialmente para el caso del partido en turno, que luego de dos años ha decepcionado a más de los votantes y ciudadanos que a los que ha logrado convencer, del cambio verdadero.

El desenlace de este proceso será muy interesante, pues de lograrse una armoniosa renovación, estaremos hablando de altas oportunidades para conseguir una subsistencia del partido en turno en el poder, pero de lo contrario, en algunos años estaremos confirmando una división y lo que hoy sospechamos, el efecto Acción Nacional se habrá contagiado en la Regeneración Nacional y el sueño que por 18 años persiguió su fundador se habrá esfumado más pronto de lo que llego.


Gustavo Nava Martínez.

 
 
 

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